
Monjas accionistas: cómo un pequeño grupo de religiosas desafía a gigantes tecnológicos y bancos desde dentro para "proteger la creación de Dios"
Jóvenes Líderes NewsLa protagonista de esta historia es la hermana Susan Francois, integrante de la congregación Hermanas de San José de la Paz, una comunidad de apenas 88 religiosas con presencia en Estados Unidos y el Reino Unido. Además de su trabajo pastoral y su activismo en favor de los migrantes, Susan desempeña otra función poco habitual: representa a su congregación como accionista de grandes compañías multinacionales.

Su estrategia consiste en adquirir pequeñas participaciones accionarias que les permiten presentar resoluciones formales ante las juntas directivas. Aunque sus acciones representan una fracción mínima del capital de estas empresas, les otorgan el derecho de plantear públicamente cuestiones éticas que consideran fundamentales.
Uno de los casos más recientes involucró a Palantir, la empresa estadounidense especializada en análisis de datos e inteligencia artificial. Las religiosas solicitaron que la compañía realizara una evaluación independiente sobre el posible impacto de sus tecnologías en los derechos humanos, ante la preocupación de que sus sistemas estuvieran siendo utilizados por agencias gubernamentales estadounidenses para identificar, detener y deportar inmigrantes.
La propuesta obtuvo apenas el 13% de los votos durante la asamblea anual de accionistas. Sin embargo, las monjas consideran que el resultado fue mucho más significativo de lo que parece. Debido a que los fundadores de Palantir controlan casi la mitad de los derechos de voto, sostienen que más de la mitad de los accionistas externos respaldó su iniciativa, lo que evidencia una creciente preocupación entre los inversores sobre el uso responsable de la inteligencia artificial.
Su activismo no termina allí. También impulsaron acciones frente a Citigroup, cuestionando el financiamiento de proyectos vinculados a combustibles fósiles en la Amazonía y reclamando mayor transparencia sobre el impacto de esas inversiones en las comunidades indígenas. Finalmente, el banco publicó el informe solicitado, un resultado que las religiosas consideran un ejemplo concreto del poder que puede ejercer un pequeño accionista cuando logra instalar un debate dentro de una organización.
Para la hermana Susan, el éxito no siempre se mide por ganar una votación. Muchas de las resoluciones presentadas por su congregación no consiguen la mayoría de los votos, pero obligan a los directorios a discutir temas que antes permanecían fuera de la agenda corporativa. Su primera intervención ocurrió en 1976, cuando cuestionaron a Colgate-Palmolive por la representación de las mujeres en la publicidad. Aunque aquella propuesta fue rechazada, Susan sostiene que décadas después la conversación ayudó a impulsar cambios culturales que hoy resultan evidentes.
Las religiosas reconocen una aparente contradicción: obtienen dividendos de algunas de las empresas que cuestionan. Sin embargo, explican que esos ingresos financian principalmente la atención médica de las hermanas mayores y que nunca invierten en compañías cuya actividad principal sea la fabricación de armas o la producción de combustibles fósiles. Su objetivo, aseguran, no es maximizar ganancias, sino ejercer influencia desde los espacios donde se toman las decisiones.
Este enfoque cobró aún más relevancia tras la publicación de la primera encíclica del papa León XIV, centrada en los desafíos éticos de la inteligencia artificial. El documento sostiene que estas tecnologías deben estar al servicio del bien común y respetar siempre la dignidad humana, una visión que las Hermanas de San José de la Paz consideran plenamente alineada con su labor como accionistas activistas.
En una época en la que la inversión suele asociarse exclusivamente con la rentabilidad financiera, estas religiosas proponen otra perspectiva: utilizar la condición de accionista como una herramienta para promover cambios sociales. Su experiencia demuestra que incluso una participación mínima puede convertirse en una voz capaz de desafiar a algunas de las corporaciones más influyentes del planeta y abrir debates que trascienden los balances económicos.


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