
Estudiantes mendocinos crearon su propio vino antes de terminar la secundaria: el proyecto que demuestra que aprender haciendo también transforma
Tomás ValverdeEstudiantes mendocinos crearon su propio vino antes de terminar la secundaria: el proyecto que demuestra que aprender haciendo también transforma

Mientras muchos estudiantes atraviesan los últimos meses de la escuela secundaria pensando en los exámenes finales, un grupo de jóvenes mendocinos decidió afrontar un desafío muy diferente: elaborar un vino propio desde cero.
Los protagonistas son alumnos de sexto año de la Escuela de Agricultura de la Universidad Nacional de Cuyo (UNCUYO), ubicada en General Alvear, quienes desarrollaron "Egresados", un vino producido íntegramente como parte de su formación técnica. El proyecto comenzó en el viñedo y continuó en cada una de las etapas del proceso de elaboración, desde el cuidado de las plantas y la cosecha de la uva hasta la vinificación, la crianza y el embotellado.
Lejos de tratarse de una práctica aislada, la iniciativa forma parte del modelo educativo de la institución, que apuesta por combinar conocimientos teóricos con experiencias reales de producción. Para los estudiantes, esto significa egresar con competencias prácticas y un contacto directo con una de las industrias más representativas de Mendoza.
El vino se elabora en la histórica Bodega Piloto de la escuela, inaugurada en 1970 y considerada patrimonio histórico y cultural del departamento de General Alvear. Allí los alumnos trabajan con el acompañamiento de docentes y especialistas, replicando los estándares de una bodega profesional.
En esta edición del proyecto se produjeron dos varietales: Bonarda, una cepa tradicional del sur mendocino, y Cabernet Franc, una variedad que ha ganado reconocimiento en la vitivinicultura argentina durante los últimos años.
El resultado trascendió el ámbito escolar. Bajo la marca "Egresados", el vino comenzó a presentarse y comercializarse también en Buenos Aires, convirtiéndose en una muestra concreta de cómo un proyecto educativo puede transformarse en un producto con valor comercial y visibilidad fuera de las aulas.
Historias como esta recuerdan que la educación adquiere un valor diferente cuando los estudiantes tienen la oportunidad de aplicar sus conocimientos en proyectos reales. Más allá del vino, la experiencia deja una enseñanza que trasciende la enología: la innovación también nace en las escuelas, cuando el aprendizaje se combina con la práctica, el trabajo en equipo y la confianza para asumir desafíos antes de dar el primer paso en la vida profesional.


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