Mexicana es seleccionada entre las jóvenes científicas más destacadas de América Latina por investigar el papel de la médula espinal en el autismo

La investigadora Isabel Barón-Mendoza fue elegida por The Pew Charitable Trusts para integrar un prestigioso programa internacional que impulsa a diez jóvenes científicos latinoamericanos con mayor proyección en investigación biomédica. Su trabajo podría abrir nuevas puertas para comprender uno de los síntomas más frecuentes del trastorno del espectro autista.
25/07/2026Tomás ValverdeTomás Valverde

Mientras gran parte de las investigaciones sobre el trastorno del espectro autista (TEA) se concentran en el cerebro, la científica mexicana Isabel Barón-Mendoza decidió mirar hacia un lugar que durante años recibió mucha menos atención: la médula espinal.

Mexicana es seleccionada entre las jóvenes científicas más destacadas de América Latina por investigar el papel de la médula espinal en el autismo

Su innovadora línea de investigación le valió ser seleccionada como una de las diez integrantes de la clase 2026 del programa Pew Latin American Fellows in the Biomedical Sciences, impulsado por The Pew Charitable Trusts, una de las iniciativas más prestigiosas del continente para jóvenes investigadores en ciencias biomédicas.

Barón-Mendoza, investigadora posdoctoral de Rutgers University (Estados Unidos) y originaria de México, desarrollará su proyecto bajo la dirección de la neurocientífica Victoria Abraira, con el objetivo de responder una pregunta que todavía desafía a la ciencia:

¿Por qué muchas personas con autismo experimentan el contacto físico como una sensación abrumadora o incluso dolorosa?

Un cambio de enfoque

Las dificultades en el procesamiento sensorial son una característica frecuente dentro del espectro autista. Para muchas personas, situaciones cotidianas como el roce de la ropa, un abrazo inesperado o una simple palmada pueden generar un nivel de incomodidad muy superior al habitual.

Tradicionalmente, los investigadores buscaron la explicación en el cerebro. Sin embargo, Barón-Mendoza plantea que parte de la respuesta podría encontrarse antes de que la información llegue allí.

La médula espinal funciona como una gran estación de procesamiento. Toda la información relacionada con el tacto pasa primero por este sistema, donde las señales nerviosas son filtradas y moduladas antes de viajar hacia el cerebro. Si ese procesamiento inicial ocurre de forma diferente, el cerebro podría recibir señales exageradas o alteradas.

El papel de unas células poco conocidas

Uno de los focos principales de la investigación serán las microglías, células inmunitarias que viven dentro del sistema nervioso.

Durante el desarrollo temprano cumplen una función esencial: eliminan conexiones neuronales innecesarias para que los circuitos cerebrales y espinales maduren correctamente.

Estudios previos demostraron que, en modelos experimentales de autismo, estas células no siempre realizan esa tarea de manera adecuada en el cerebro. Ahora, Barón-Mendoza quiere averiguar si ocurre un fenómeno similar en la médula espinal y si esa alteración podría explicar la hipersensibilidad al tacto que presentan muchas personas dentro del espectro autista.

Para responder esa pregunta utilizará algunas de las herramientas más avanzadas de la neurociencia actual, entre ellas cartografía de circuitos espinales, biología celular y molecular, imágenes microscópicas tridimensionales y análisis del comportamiento asistido por inteligencia artificial.

Comprender, no cambiar

Uno de los aspectos más destacados de su trabajo es el enfoque con el que aborda la investigación.

La científica ha explicado que su objetivo no es cambiar a las personas con autismo, sino comprender mejor por qué algunas experiencias sensoriales pueden resultar tan difíciles y encontrar formas de aliviar aquellas que generan sufrimiento.

Si logra identificar los mecanismos celulares responsables de esa hipersensibilidad, el conocimiento podría abrir la puerta al desarrollo de futuras estrategias terapéuticas destinadas específicamente a reducir esas molestias, mejorando la calidad de vida de muchas personas.

Una científica latinoamericana con proyección internacional

La selección de Isabel Barón-Mendoza no representa únicamente un reconocimiento individual.

Cada año, The Pew Charitable Trusts elige solamente diez jóvenes científicos latinoamericanos para realizar investigaciones posdoctorales en algunas de las instituciones biomédicas más importantes de Estados Unidos. Los candidatos son evaluados por la calidad de su trayectoria, el potencial de sus proyectos y su capacidad para convertirse en futuros líderes científicos de la región. Además, el programa ofrece apoyo adicional a quienes regresan posteriormente a América Latina para crear sus propios laboratorios de investigación.

Con su trabajo, Isabel Barón-Mendoza representa a una nueva generación de investigadores latinoamericanos que buscan responder preguntas fundamentales sobre el funcionamiento del sistema nervioso.

Su proyecto no promete soluciones inmediatas, pero sí algo igual de importante: generar conocimiento sólido que permita comprender mejor el autismo y acercar a la ciencia a tratamientos cada vez más específicos para quienes conviven con este trastorno.

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