
Un estudiante de 17 años creó una IA que podría acelerar la detección del autismo y el TDAH analizando la retina
Jóvenes Líderes NewsLa innovación nació como un proyecto escolar, pero rápidamente llamó la atención de la comunidad científica. Kang, estudiante de Bergen County Academies, en el estado de Nueva Jersey, desarrolló un sistema denominado RetinaMind, basado en inteligencia artificial, capaz de analizar fotografías del fondo del ojo para detectar patrones que diversos estudios científicos han asociado con trastornos del neurodesarrollo.

La idea se basa en un principio ampliamente aceptado por la medicina: la retina forma parte del sistema nervioso central y comparte el mismo origen embrionario que el cerebro. Debido a ello, desde hace años distintos investigadores estudian si ciertas alteraciones neurológicas pueden dejar huellas detectables en esta estructura ocular. RetinaMind utiliza algoritmos de aprendizaje automático para buscar esas diferencias que resultan imperceptibles para el ojo humano.
Durante el desarrollo del proyecto, Kang entrenó su modelo con miles de imágenes de retina y combinó distintos algoritmos de inteligencia artificial para mejorar la precisión de los resultados. Según los datos presentados por el estudiante, el sistema alcanzó una precisión cercana al 89 % al diferenciar imágenes asociadas con personas diagnosticadas con TEA y TDAH dentro del conjunto de datos utilizado para la investigación.
Ese trabajo fue reconocido en el Regeneron Science Talent Search 2026, considerado el concurso de investigación científica para estudiantes de secundaria más importante de Estados Unidos y del que han surgido numerosos científicos de renombre internacional. Allí, Edward Kang obtuvo el segundo lugar y recibió un premio de 175.000 dólares por su investigación.
Sin embargo, los propios organizadores y la información presentada sobre el proyecto dejan claro un aspecto fundamental: RetinaMind no es una herramienta de diagnóstico clínico. Actualmente se encuentra en fase de investigación y todavía requiere estudios independientes, validaciones con poblaciones más amplias y las correspondientes aprobaciones regulatorias antes de poder utilizarse en hospitales o consultorios.
En otras palabras, la aplicación no puede confirmar si una persona tiene autismo o TDAH. Su potencial radica en convertirse, en el futuro, en una herramienta de detección temprana o cribado, capaz de alertar a los profesionales de la salud sobre la conveniencia de realizar evaluaciones clínicas más completas.
Aunque aún queda camino por recorrer antes de una posible aplicación médica, el proyecto demuestra cómo la combinación de inteligencia artificial y medicina puede abrir nuevas posibilidades para detectar enfermedades de manera más rápida, accesible y menos invasiva.
Pero, sobre todo, la historia de Edward Kang deja otro mensaje inspirador: la edad no limita la capacidad de innovar. Con curiosidad, formación y perseverancia, un estudiante de secundaria logró desarrollar una tecnología que hoy despierta el interés de investigadores de todo el mundo y que podría contribuir, en el futuro, a mejorar la vida de millones de personas.


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