
A los 28 años fundó BrainCo y creó una mano biónica que devuelve el movimiento a miles de personas
Jóvenes Líderes NewsEn 2015, con apenas 28 años y mientras cursaba su doctorado en el Centro de Ciencias del Cerebro de la Universidad de Harvard, fundó BrainCo, una startup dedicada a desarrollar interfaces cerebro-computadora capaces de traducir las señales del sistema nervioso en acciones reales.
Su objetivo era tan ambicioso como humano: lograr que una persona amputada pudiera volver a mover una mano artificial casi de forma natural.
Durante años, Han y su equipo trabajaron para resolver uno de los mayores desafíos de la neuroingeniería: interpretar las señales eléctricas que genera el cuerpo y convertirlas en movimientos precisos. El resultado fue una mano biónica inteligente capaz de detectar las intenciones musculares del usuario mediante sensores avanzados y algoritmos de inteligencia artificial, permitiendo abrir la mano, sujetar objetos delicados e incluso realizar movimientos independientes con los dedos.
A diferencia de muchas prótesis tradicionales, que requieren movimientos poco intuitivos o poseen funciones limitadas, la tecnología de BrainCo permite que el usuario controle la mano de una manera mucho más natural, reduciendo además el alto índice de abandono que históricamente han tenido este tipo de dispositivos.
Lo más sorprendente es que esta innovación no quedó encerrada en un laboratorio.
Con el paso de los años, la compañía consiguió producir estas prótesis a gran escala y comenzó a distribuirlas a personas con amputaciones en distintos programas de rehabilitación. Miles de usuarios han recuperado parte de su independencia gracias a esta tecnología, pudiendo volver a escribir, cocinar, tocar instrumentos musicales o realizar tareas cotidianas que antes parecían imposibles.
Pero la visión de Han nunca se limitó únicamente a las prótesis.
BrainCo también desarrolla aplicaciones de las interfaces cerebro-computadora para rehabilitación neurológica, salud mental, educación e interacción entre humanos y máquinas. La empresa se ha convertido en uno de los principales referentes mundiales en el desarrollo de tecnologías BCI no invasivas y fue la primera compañía de este sector surgida de Harvard Innovation Labs en alcanzar el estatus de unicornio dentro de la industria china.
El talento de Han no pasó inadvertido.
Fue reconocido por MIT Technology Review como uno de los innovadores menores de 35 años más destacados y posteriormente también recibió distinciones del Foro Económico Mundial y de Fortune China por su impacto en la innovación tecnológica.
La historia de Bicheng Han demuestra que las grandes revoluciones tecnológicas no siempre nacen en gigantes corporativos. A veces comienzan en el laboratorio de un joven investigador que se niega a aceptar que una discapacidad deba significar el fin de una vida independiente.

Hoy, gracias a esa decisión tomada a los 28 años, miles de personas han recuperado algo mucho más valioso que una mano: la posibilidad de volver a hacer, por sí mismas, aquello que creían haber perdido para siempre.

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