
Leandro Viotto Romano participó del Koroneihana 2026 en Nueva Zelanda y dirigió un mensaje ante la Reina Maorí
Jóvenes Líderes NewsEl fundador y presidente de la Organización Internacional de Jóvenes Líderes, Leandro Viotto Romano, participó en Nueva Zelanda de las celebraciones oficiales del Koroneihana 2026, invitado por Su Majestad Te Arikinui Kuini Ngā wai hono i te pō, Reina Maorí.
Acompañado por Rebeca Robles, directora de Desarrollo Institucional de Jóvenes Líderes, Viotto Romano viajó desde Argentina hasta Aotearoa Nueva Zelanda para participar de una de las reuniones culturales y políticas más significativas del mundo maorí.
El Koroneihana se desarrolló en Tūrangawaewae Marae, en Ngāruawāhia, sede histórica del Kīngitanga, y conmemoró el segundo aniversario del reinado de Te Arikinui Kuini Ngā wai hono i te pō. Durante varios días, miles de personas provenientes de diferentes puntos de Nueva Zelanda y delegaciones internacionales participaron de ceremonias, homenajes, discursos, encuentros y expresiones culturales.
Medios maoríes destacaron especialmente la presencia de representantes indígenas y delegaciones internacionales y del Pacífico, provenientes de lugares como Fiji, Hawaiʻi, Rarotonga, Tahití, Tonga y Papúa Nueva Guinea.
Una bienvenida marcada por el Protocolo ancestral Maori
Uno de los momentos centrales de la visita de la delegación de Jóvenes Líderes fue su participación en el pōwhiri, la ceremonia tradicional maorí mediante la cual los anfitriones reciben formalmente a sus visitantes.
Como parte de esa ceremonia, Viotto Romano fue seleccionado para asumir un papel especialmente simbólico durante el wero, el desafío ceremonial que antiguamente permitía determinar las intenciones de quienes llegaban a territorio maorí.
Un guerrero avanzó hacia la delegación y depositó frente al representante argentino el taki, una ofrenda ceremonial que Viotto Romano debió recoger del suelo.
Aceptar el taki representa simbólicamente que el visitante llega en paz y con buenas intenciones, permitiendo que continúe el proceso formal de bienvenida.
Tras ese momento, la ceremonia avanzó con las expresiones propias del protocolo maorí, entre ellas discursos —whaikōrero—, cantos de apoyo —waiata tautoko— y las distintas instancias destinadas a transformar la condición inicial de visitante en una relación de encuentro y respeto con los anfitriones.
La importancia del waiata dentro del protocolo no es meramente artística: constituye una parte fundamental del respaldo colectivo a las palabras pronunciadas durante las ceremonias maoríes.
Un discurso ante la Reina Maorí
Otro de los momentos destacados tuvo lugar cuando Viotto Romano fue invitado a dirigir unas palabras ante Te Arikinui Kuini Ngā wai hono i te pō, miembros y representantes del Kīngitanga, autoridades maoríes, delegaciones de las naciones del Pacífico y representantes internacionales.
El argentino decidió pronunciar su intervención originalmente en español, mientras sus palabras eran interpretadas al te reo Māori.
La decisión formó parte, precisamente, del mensaje que buscó transmitir: el valor de las lenguas como expresión de identidad, memoria y soberanía cultural.
“Hablo en mi propio idioma por respeto al de ustedes. Porque soy consciente de la ardua batalla que su pueblo ha sostenido para que el te reo Māori no se apague”.
Durante su intervención, Viotto Romano sostuvo que una lengua representa mucho más que un sistema de palabras: contiene la historia, el sufrimiento, el legado y la identidad de los pueblos.
También dedicó parte de su mensaje al vínculo entre generaciones y a la responsabilidad que tienen los adultos frente a los jóvenes.
En ese sentido, planteó la necesidad de evitar que las nuevas generaciones hereden automáticamente los odios y prejuicios del pasado y propuso construir sociedades en las que experiencia y juventud puedan avanzar juntas.
El mensaje se vinculó especialmente con uno de los fenómenos visibles durante el Koroneihana de este año: el creciente protagonismo de los jóvenes dentro de las propias estructuras y ceremonias maoríes. Durante las jornadas, representantes del Kīngitanga destacaron públicamente la creciente participación de los rangatahi —jóvenes— en diferentes responsabilidades dentro del marae.
Una semana para comprender el Kīngitanga desde adentro
La participación de Jóvenes Líderes no quedó limitada al acto protocolar ni al discurso.
La delegación argentina permaneció en Nueva Zelanda durante prácticamente toda la semana del Koroneihana, lo que permitió conocer diferentes dimensiones de la vida cultural, espiritual y política maorí.
Las actividades comenzaron el miércoles 2 de septiembre, cuando familias de la región de Waikato llegaron a Tūrangawaewae portando fotografías de familiares fallecidos durante el último año. Fue una jornada dedicada a ngā kawe mate o Tainui, una tradición mediante la cual las familias llevan simbólicamente a sus seres queridos ante Te Arikinui para recordar sus vidas y legados. La jornada continuó con presentaciones de haka y waiata de jóvenes estudiantes.
El jueves 3, el homenaje se amplió a iwi y hapū provenientes de diferentes lugares de Aotearoa. Miles de personas participaron de la segunda jornada, nuevamente marcada por el recuerdo de quienes fallecieron durante el último año y por una importante presencia de las nuevas generaciones en las ceremonias.
El viernes 4 adquirió una dimensión particularmente internacional. Tūrangawaewae recibió a representantes indígenas, dignatarios y delegaciones procedentes del exterior y de distintas naciones del Pacífico. Fue en el marco de estas actividades que la presencia argentina se incorporó a una reunión concebida para reafirmar vínculos entre culturas y pueblos más allá de las fronteras nacionales. Posteriormente fueron recibidos representantes de la política neozelandesa.
El sábado 5 de septiembre llegó uno de los momentos centrales del Koroneihana: el discurso anual de Te Arikinui.
Ante un Tūrangawaewae colmado, la Reina llamó a aprender de las injusticias del pasado sin permitir que estas impidan construir el futuro, y puso especial énfasis en la kotahitanga —unidad— como camino para fortalecer al pueblo maorí.
Su mensaje marcó el cierre de las ceremonias formales, mientras las actividades culturales continuaron posteriormente con presentaciones de kapa haka.
De América Latina a Aotearoa
La presencia de la Organización Internacional de Jóvenes Líderes en el Koroneihana representó también un inusual puente entre América Latina y una de las instituciones indígenas de mayor relevancia cultural del Pacífico.
La invitación permitió que una delegación argentina no se limitara a observar las ceremonias, sino que participara de protocolos reservados para quienes son formalmente recibidos en Tūrangawaewae y pudiera llevar un mensaje propio ante sus autoridades.
Viotto Romano aprovechó su intervención para transmitir un concepto que atravesó buena parte de su visita: preservar la identidad no significa permanecer atrapados en el pasado, sino conocerlo para decidir qué legado transmitir a las próximas generaciones.
La experiencia también permitió establecer un diálogo entre dos realidades geográficamente distantes pero atravesadas por desafíos comunes: la protección de las identidades culturales, la participación de los jóvenes, el diálogo intergeneracional y la necesidad de construir liderazgos capaces de reconciliar tradición y futuro.
Una joven Reina frente a una nueva generación
El Koroneihana 2026 tuvo además un fuerte componente generacional.
Te Arikinui Kuini Ngā wai hono i te pō asumió el liderazgo del Kīngitanga tras el fallecimiento de su padre, Kiingi Tūheitia, y este año encabezó su segundo Koroneihana.
Su figura representa una nueva etapa para un movimiento nacido en el siglo XIX con el objetivo de fortalecer la unidad maorí, proteger la tierra y preservar la autoridad y autonomía de su pueblo.
En su mensaje de este año, la Reina volvió a situar el futuro en el centro de su liderazgo, convocando a transformar el peso de las injusticias históricas en una fuerza capaz de construir una nueva etapa.
Para la Organización Internacional de Jóvenes Líderes, la visita a Nueva Zelanda constituyó así mucho más que una participación institucional: significó ingresar, desde el respeto, en una tradición que ha logrado mantener vivas durante generaciones su lengua, sus ceremonias, su memoria y su identidad.
Desde Argentina hasta Aotearoa, el encuentro dejó una misma pregunta de fondo: qué mundo recibirán los jóvenes y qué estamos haciendo hoy para que puedan construir uno mejor.






















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